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miércoles, 20 de abril de 2011

PRÁCTICA. EVOLUCIÓN DE LA EMIGRACIÓN TRANSOCEÁNICA.

Las etapas de la emigración transoceánica que se distinguen en el gráfico son las siguientes:
– Desde los años ochenta del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial tuvo lugar una etapa de auge de la emigración a ultramar. Esta se encontraba motivada por el atraso agrario de España, que generaba continuas crisis y hambrunas, como la de 1887, causante del repunte de la emigración ese año; y por la insuficiente industrialización para absorber el desempleo agrario. Por otra parte, los países latinoamericanos necesitaban mano de obra para poblar nuevas tierras o sustituir la mano de obra esclava tras la abolición de la esclavitud; para la ejecución de grandes infraestructuras, como el canal de Panamá, líneas ferroviarias, carreteras y ampliaciones de puertos; y para realizar tareas agrarias estacionales, como la zafra en Cuba o la cosecha de cereal en Argentina. El único descenso emigratorio durante este período tuvo lugar en 1898 y los años posteriores, a raíz de la independencia de las últimas colonias españolas en América, que provocó un incremento de los retornos.
– Durante la Primera Guerra Mundial a 1945 tuvo lugar un descenso de la emigración a ultramar, debido a la inseguridad causada por el conflicto. Tras él la emigración se reanudó, pero decayó nuevamente a raíz de la crisis económica de 1929, que afectó a los países latinoamericanos reduciendo sus exportaciones agrarias y generando paro, lo que les llevó a imponer cuotas a la inmigración. Posteriormente, el descenso se acentuó debido a la Guerra Civil en España y a la posguerra (excepto el exilio a México), que supusieron dificultades para salir al exterior, impuestas por el franquismo, que fomentaba una política populacionista, y por la situación de aislamiento internacional de España.
– Desde 1945 hasta 1960 la emigración a ultramar se recuperó, debido a la autorización para salir libremente de España y al fin del aislamiento internacional. No obstante, no se alcanzaron las cifras anteriores, debido a la exigencia por los países receptores de una inmigración más cualificada para desarrollar su economía y su industria.
– Desde 1960 la emigración transoceánica decayó, al iniciarse el declive de la economía latinoamericana y entrar en competencia con la emigración a Europa. En la actualidad las cifras son muy bajas y predominan los retornos.

PRÁCTICA. MIGRACIONES INTRAPROVINCIALES.

La tabla es una serie estadística que muestra el tanto por ciento que representan las migraciones intraprovinciales respecto al total de las migraciones interiores entre 1975 y 2007. Las migraciones interiores son las que tienen lugar dentro de las fronteras del propio país, y las intraprovinciales, las que suceden dentro de los límites administrativos de una provincia.
La tabla muestra que el porcentaje de migraciones intraprovinciales ha crecido considerablemente desde 1975. Este hecho se debe a un cambio en el modelo de migraciones internas ocurrido a partir de la crisis de 1975 que ha reducido las migraciones entre diferentes provincias y ha incrementado las que tienen lugar dentro de los límites provinciales. Las causas de este cambio han sido la implantación de políticas de desarrollo regional y rural,que han favorecido la creación de centros de actividad provinciales y locales aprovechando los recursos endógenos, que colaboran a mantener a los emigrantes potenciales en sus provincias de origen.

PRACTICA. MAPA DE SALDOS MIGRATORIOS. PERÍODO 1981-1985.

En la primera mitad de la década de 1980, tenían saldo positivo dos tipos de provinciasPor una parte, algunas provincias tradicionalmente inmigratorias, como Madrid; la mayoría de las del litoral mediterráneo y del eje del Ebro, y las de ambos archipiélagos.
 Estas provincias se vieron favorecidas por los nuevos factores de desarrollo económico surgidos a partir de la crisis de 1975, como la primacía de los servicios y de la tecnología, la diversificación industrial y la agricultura tecnificada. Por otra parte, muestran también saldos positivos provincias tradicionalmente emigratorias del interior peninsular. Muchas de ellas protagonizan, desde 1975, migraciones laborales tipo “golondrina”, de carácter estacional o plurianual, muy ligadas a la coyuntura económica y a la actual flexibilidad del mercado laboral. Así, en las coyunturas económicas expansivas envían emigrantes a las áreas más dinámicas para trabajar en actividades como el turismo o la construcción, adoptando saldos migratorios negativos, y en las coyunturas recesivas, como la de la primera mitad de la década de 1980, o cuando se agotan los contratos temporales, recuperan a los emigrantes, adoptando saldos positivos.
Las provincias con saldo negativo en la primera mitad de la década de 1980 responden también a dos situaciones. En unos casos son antiguas provincias inmigratorias que han invertido su signo (Barcelona, Bizkaia, Gipuzkoa), pues la fuerte repercusión de la crisis de 1975 les hizo perder capacidad de atracción y provocó incluso el retorno de antiguos inmigrantes.
En otros casos son provincias tradicionalmente emigratorias que mantienen su saldo negativo debido a su escaso dinamismo económico (Zamora, Burgos, Ciudad Real, Teruel), reduciéndolo en algunos casos por incapacidad de exportar más población ante el envejecimiento demográfico.

PRÁCTICO. MAPA DE SALDOS MIGRATORIOS EN ESPAÑA. PERÍODO 1961-1965

La primera mitad de la década de 1960 fue el momento de mayor intensidad migratoria internaLos saldos negativos más elevados se encontraban en las provincias de predominio agrario del interior peninsular, especialmente en las de agricultura extensiva y bajos rendimientos. 
Los problemas de estas zonas se agravaron en este momento por la mecanización agraria, que redujo la necesidad de mano de obra, y el crecimiento demográfico, provocando un elevado éxodo rural.
Los mayores saldos positivos se encontraban en las provincias que contaban con destacados núcleos industriales y turísticos: Madrid y las provincias incluidas en la Y formada por el valle del Ebro (entre el País Vasco y Tarragona) y el litoral mediterráneo (entre Girona y Alicante). A estas provincias se sumaban Baleares y las dos provincias canarias gracias al inicio de la atracción turística. El desarrollo de la industria durante la década de 1960, impulsada por los planes de desarrollo, demandaba obreros no cualificados. Por su parte, el turismofavorecido por el aumento del nivel de vida de la población europea, los atractivos de España para el modelo de sol y playa imperante, y los bajos precios a raíz de la devaluación de la peseta por el Plan de Estabilización, demandaba también trabajadores, dado que se trata de una actividad no mecanizable, que requiere numerosa mano de obra de baja cualificación. Así, los emigrantes del interior peninsular acudieron a estas áreas buscando empleos más seguros y mejor remunerados que los del campo; mejor nivel sanitario, cultural y de ocio; y mayor libertad de actuación.

PRACTICO. EVOLUCIÓN DE LAS MIGRACIONES INTERIORES TRADICIONALES

El gráfico representa la evolución de las migraciones interiores en España entre 1877 y 1980 en miles de migrantes medios para cada período. Las migraciones interiores son los desplazamientos de población dentro de las fronteras del propio país. Entre las fechas señaladas, que corresponden con las migraciones interiores tradicionales, los desplazamientos se caracterizaron por estos rasgos:
– La motivación de la migración fue principalmente laboral.
– Los flujos fueron unidireccionales entre áreas emigratorias e inmigratorias. Los emigrantes procedían mayoritariamente del campo y se dirigían a las grandes ciudades industrializadas o de servicios, localizadas casi siempre en otras provincias o regiones.
– El perfil característico de los emigrantes fue el de personas jóvenes, con bajo nivel de cualificación.
– La tipología de las migraciones respondió a dos modelos. Las migraciones estacionales y temporales se emprendían con intención de retorno y se realizaban desde el campo a otras áreas rurales para realizar tareas agrarias estacionales, en una época en la que las labores estaban poco mecanizadas; o desde el campo a la ciudad para realizar trabajos no agrarios temporales en la construcción, la industria o los servicios. El éxodo rural, a diferencia de las anteriores, era un desplazamiento entre el campo y la ciudad con carácter definitivo o larga duración.
En la evolución de las migraciones interiores que muestra el gráfico pueden diferenciarse cuatro etapas:
– Entre 1877 y 1930, el volumen de la migración fue moderado y creciente. El éxodo rural estuvo motivado por el exceso de brazos en el campo, debido a la crisis de la filoxera en las zonas vitivinícolas y al inicio de la mecanización del trabajo agrícola en las zonas cerealísticas.
La emigración procedía principalmente de Galicia, ambas Castillas, Cantabria, Andalucía oriental y el litoral mediterráneo y se dirigió a las principales zonas industriales (Madrid, Barcelona, Bizkaia y Gipuzkoa), que ofrecían puestos de trabajo, dado que resultaron muy beneficiadas por los negocios realizados a raíz de la Primera Guerra Mundial. El éxodo se vio favorecido también por el auge de las obras públicas en la dictadura de Primo de Rivera (metro de Barcelona, Exposición Internacional de Barcelona e Iberoamericana de Sevilla, celebradas ambas en 1929). En muchos casos se trató de una migración “en cascada” o por pasos: aldea-cabecera comarcal-capital provincial-metrópoli extraprovincial o extrarregional.
– Entre 1931 y 1940, las migraciones interiores decayeron debido al retroceso del éxodo rural. Las ciudades sufrieron graves problemas de abastecimiento; la oferta de trabajo en la industria se redujo debido a las destrucciones de la guerra y a su difícil reconstrucción en el contexto autárquico de la posguerra; y el franquismo fomentó la permanencia de la población rural en el campo.
– Entre 1941 y 1970, las migraciones interiores experimentaron un fuerte crecimiento, especialmente en la década de 1961-1970. Las causas del éxodo rural durante este período fueron el crecimiento demográfico; la crisis de la agricultura tradicional por la mecanización; el auge industrial impulsado por los planes de desarrollo, que generó puestos de trabajo en las ciudades industriales; y el “boom” del turismo en el litoral mediterráneo e insular que creó también una oferta laboral en los servicios turísticos y en la construcción.
Así las zonas de destino se ampliaron y formaron dos ejes peninsulares: el del Mediterráneo (desde Girona a Alicante) y el del Ebro (desde el País Vasco a Tarragona a través de Navarra y Zaragoza). A ellos se unían Madrid, en el centro de la Península y las islas Baleares y Canarias. En esta época predominó el éxodo directo hacia las grandes ciudades sobre la migración en cascada. Todas las capitales provinciales crecieron, independientemente de su nivel de desarrollo y también algunas ciudades no capitales donde se crearon polos de desarrollo, como Vigo o Algeciras.
– Entre 1970 y 1980, las migraciones interiores se redujeron. Tras la crisis económica de 1975, las antiguas áreas inmigratorias industrializadas, sometidas a duros procesos de reconversión, perdieron su atractivo y las antiguas áreas emigratorias redujeron sus salidas e incluso recuperaron a antiguos emigrantes jubilados, prejubilados o parados. A partir de entonces, y con la nueva situación económica que siguió a la crisis, se inicia un nuevo modelo de migraciones interiores, en el que los emigrantes ya no proceden mayoritariamente del campo, sino de municipios urbanos, y las motivaciones de la migración, las corrientes migratorias y el perfil de los emigrantes se vuelven más variados.
Las consecuencias del elevado volumen de migraciones interiores, especialmente durante el período 1961-1970, se han manifestado en los planos demográfico, económico y social.
– En el plano demográfico son las responsables de los desequilibrios en la distribución de la población: vaciamiento del interior y grandes densidades en la periferia. También han influido en la estructura por sexo y por edad: elevan el índice de masculinidad de algunas áreas emigratorias (especialmente las montañosas), dificultando la formación de nuevas familias; y causan el envejecimiento de la población que queda en el campo y el rejuvenecimiento de la población urbana, ya que los que suelen emigrar son jóvenes.
– En el plano económico, en las áreas rurales, en un primer momento, las migraciones permitieron aumentar los recursos de la población; pero con el tiempo se generaron deseconomías de subpoblación, pues al marchar la gente más joven y capacitada, descendieron la productividad y el rendimiento. En las ciudades la inmigración masiva provocó deseconomías de congestión: problemas de suelo, vivienda, circulación, equipamientos y servicios.
En el plano social se produjeron problemas de asimilación, al pasar los emigrantes de una comunidad rural de valores tradicionales, a una gran sociedad urbana y competitiva. La integración no se produce en general hasta la generación siguiente.


PRÁCTICA. REGÍMENES DEMOGRÁFICOS. ESQUEMA PARA DESARROLLAR. COMPLETAR CON EL TEMA



RÉGIMEN DEMOGRÁFICO ANTIGUO.
A) CRONOLOGÍA: Hasta 1900.
B) NATALIDAD: ALTA con
- Predominio de una economía y sociedad rurales en la que los hijos ayudan en el
trabajo agrario y aseguran el porvenir de los padres.
- Inexistencia de anticonceptivos eficaces.
C) MORTALIDAD: ALTA por
- Dieta alimenticia escasa y desequilibrada.
- Elevada incidencia de las enfermedades infecciosas debido al atraso de la medicina y a la falta de higiene.
- Además, momentos de mortalidad catastrófica por guerras, epidemias y hambrunas.
D) CRECIMIENTO NATURAL: BAJO


TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA

A) CRONOLOGÍA: 1900-1975.
B) NATALIDAD: DESCIENDE con oscilaciones. 
- Años 20. Desciende gracias a la prosperidad económica.
- 1930-1956. Desciende por la crisis económica de 1929, la inestabilidad de la Guerra Civil y las dificultades económicas de la posguerra.
- 1956-1965. Baby boom por el desarrollo económico.
- 1965-1975. Decrecimiento por el paso a un modo de vida industrial y urbano y las dificultades de vivienda.
C) MORTALIDAD: DESCENSO excepto:
- Durante la gripe de 1918 y la Guerra Civil:
Causas: 
Incremento del nivel de vida, que se traduce en la mejora de la dieta y del nivel cultural.
- Avances médicos (vacunas, medicamentos, nacimientos en clínicas) y en la higiene.
D) CRECIMIENTO NATURAL: ALTO. Especialmente entre 1920-1965.

RÉGIMEN DEMOGRÁFICO MODERNO
A) CRONOLOGÍA: DESDE 1975.
B) NATALIDAD: DESCIENDE en dos etapas:
Desciende en dos etapas:
* 1975-1998, brusco hundimiento por el retraso en la edad del matrimonio (dificultades laborales y en el acceso a la vivienda) y por el cambio de mentalidad y de valoresanticonceptivos, trabajo de la mujer fuera del hogar, aprecio por la formación de los hijos, deseo de ingresos y tiempo libre, importancia de las relaciones de pareja, y nuevas formas familares.
* Desde 1998, ligera recuperación debida a la inmigración.
C) MORTALIDAD: BAJA aunque crece desde 1982 debido al envejecimiento motivado por el aumento de la esperanza de vida.
D) CRECIMIENTO NATURAL: Descendió hasta 1998 y desde entonces crece levemente por la ligera recuperación de la natalidad.

PRÁCTICA. ESPERANZA DE VIDA AL NACER 1900-2031

El gráfico de barras representa la esperanza de vida por sexos en España entre 1900 y 2006 y las previsiones estimadas para los años 2011, 2021 y 2030. La esperanza de vida es la duración media de la vida de cada individuo de un grupo. El gráfico permite analizar su evolución y las diferencias entre los sexos.
a) La evolución de la esperanza de vida muestra un aumento notable a lo largo del siglo XX, tanto para los hombres como para las mujeres, salvo en momentos puntuales relacionados con las circunstancias históricas o sociales.
– A principios del siglo XX la esperanza de vida era baja. Las razones de este hecho eran las elevadas tasas de mortalidad general e infantil y las crisis de mortalidad catastróficaLa alta mortalidad general se debía al bajo nivel de vida y a las precarias condiciones médicas y sanitarias. La dieta alimenticia era escasa, por la baja productividad agraria, y desequilibrada, por la falta de proteínas: el pan era el alimento básico y escaseaban la carne, la leche y los huevos. Como consecuencia, la mayoría de la población estaba malnutrida y debilitada. Las enfermedades infecciosas transmitidas a través del aire (tuberculosis, bronquitis, pulmonía, gripe) o del agua y los alimentos (diarreas) tenían alta incidencia.
Esta se veía favorecida por el atraso de la medicina, el desconocimiento de las vías de transmisión de las enfermedades y la falta de higiene privada y pública (tardío establecimiento de servicios de agua potable, alcantarillado y recogida de basuras).
La elevada mortalidad infantil afectaba a los niños, tanto en las cuatro primeras semanas por defectos congénitos y problemas en el parto (mortalidad neonatal) como entre las cuatro semanas y el año por desnutrición e infecciones (mortalidad posneonatal). Además, cada cierto tiempo, se producían crisis de mortalidad catastrófica motivadas por epide mias, guerras y malas cosechas de cereales, que provocaban la subida del precio del grano y el hambre y la muerte de quienes no podían pagarlo.
Durante el primer tercio del siglo XX, la esperanza de vida se incrementó debido a la mejora de la situación socioeconómica y a los avances médicos y sanitarios (vacunas y comercialización de los antibióticos), que redujeron la mortalidad general e infantil. Durante estos años la esperanza de vida solo retrocedió en la década de 1920, por efecto de la gripe de 1918.
– En el período 1930-1940, la Guerra Civil interrumpió el crecimiento de la esperanza de vida. Los hombres, por su participación más directa en el conflicto, la redujeron y las mujeres frenaron el crecimiento de años anteriores.
– Entre la década de 1940 y 1975, el aumento de la esperanza de vida se hizo más intenso. La mortalidad general disminuyó gracias al incremento del nivel de vida, que se manifestó en la mejora de la dieta, que en la década de 1960 superó la malnutrición y la escasez de la posguerra; y en el crecimiento del nivel educativo y cultural, que permitió intensificar la prevención y abandonar costumbres tradicionales nocivas para la salud.
También disminuyeron la mortalidad maternal y la mortalidad infantil (progresos de la pediatría y de la alimentación infantil, y mejora del cuidado materno).
– Desde 1975, el crecimiento de la esperanza de vida es menos intenso. En la década de 1980 y primera mitad de la década de 1990, el incremento afectó principalmente a los neonatos y a las edades más ancianas (entre los 70 y 80 años), gracias a los progresos médicos.
En cambio, en los grupos de jóvenes entre los 18 y los 35 años, el incremento se estancó, e incluso se invirtió en el caso de los varones, debido a que fueron los más afectados por la irrupción del sida, la extensión de la drogadicción y los accidentes de carretera.
Esta situación ayudó a la reducción del ritmo de incremento de la esperanza de vida durante estos años. A partir de entonces, la situación ha mejorado a causa del desarrollo de campañas de prevención y de los avances en el tratamiento del sida; y gracias al descenso de la mortalidad en accidentes de carretera, con la mejora de la red viaria y campañas de concienciación. 
Actualmente, la esperanza de vida en España está entre las más altas del mundo. Por esta razón el ritmo de su aumento es menor, aunque, como muestran las previsiones, seguirá creciendo, porque todavía queda margen para la reducción de la mortalidad infantil, sobre todo la neonatal y en las edades avanzadas, gracias a los progresos médicos.

b) Las diferencias en la esperanza de vida según el sexo se aprecian también en el gráfico. En general, la esperanza de vida de las mujeres es superior a la de los hombres desde principios del siglo XX. Las causas son su mayor fortaleza biológica, por motivos hormonales e inmunológicos, y el hecho de que los hombres han tenido tradicionalmente un estilo de vida distinto, con más exposición a factores de riesgo de muerte: mayor participación directa en guerras, trabajos más duros y con riesgo de accidentes, y mayor incidencia de hábitos nocivos en exceso. Sin embargo, las diferencias entre los sexos no han sido siempre las mismas.
– A principios del siglo XX, las diferencias entre hombres y mujeres eran menos acusadas, debido a la elevada mortalidad femenina en el parto y posparto.
En el primer tercio del siglo XX, la reducción de la mortalidad materna, gracias a la introducción del seguro de maternidad, aumentó las diferencias entre los sexos.
– Durante la Guerra Civil, la participación más directa de los hombres en el conflicto militar redujo su esperanza de vida, incrementando la diferencia con las mujeres, que durante la contienda solo frenaron el crecimiento de su esperanza de vida, sin llegar a reducirla.
– Desde la década de 1940 hasta 1996 tuvo lugar un creciente distanciamiento de la esperanza de vida entre ambos sexos, relacionado principalmente con el distinto estilo de vida de cada uno de ellos. Las mujeres cuidan más su salud y su alimentación, previenen más, acuden al médico más que los hombres y hasta épocas recientes han tenido una menor incidencia de hábitos sociales nocivos en exceso, como el alcohol y el tabaco. La diferencia entre los sexos alcanzó su máximo en el período 1980-1995 debido a la mayor incidencia entre los varones jóvenes del sida, la drogadicción y los accidentes de carretera.
– A partir de 1996, las diferencias por sexo en la esperanza de vida han comenzado a reducirse, debido a la aproximación del estilo de vida entre ambos sexos, con un incremento de los hábitos nocivos entre las mujeres y un mayor cuidado por su salud entre los hombres. Por este motivo, es previsible que en el futuro continúen acortándose las diferencias entre ambos.
c) La consecuencia del aumento de la esperanza de vida en España, unida a un importante descenso de la natalidad, es el envejecimiento demográfico, causante de desaceleración económica; y de una elevación de los gastos en pensiones, sanidad y cuidados para los ancianos, que afectan a la viabilidad del Estado del bienestar.
La desaceleración económica se debe a que el envejecimiento reduce la población activa y la capacidad de innovación.
– La elevación del gasto en pensiones procede de que su financiación no depende de las cotizaciones efectuadas por las personas jubiladas durante su etapa laboral sino de las que realizan los trabajadores en activo en cada momento. Por tanto, el incremento del número de pensionistas y la reducción de los activos eleva el coste de las pensiones.
– El incremento del gasto sanitario deriva de que los ancianos consumen más medicamentos, visitas médicas y estancias hospitalarias. 
– Los cuidados y atenciones a la población anciana suponen un aumento de las cargas familiares; un incremento de la demanda de residencias públicas y privadas, que actualmente son insuficientes; y la necesidad de planear para ellos actividades que les permitan distraerse y sentirse útiles.


martes, 19 de abril de 2011

PRÁCTICA. MOVIMIENTOS NATURALES. NÚMERO MEDIO DE HIJOS POR MUJER 1900-2031


El gráfico de barras muestra la evolución del número medio de hijos por mujer o índice sintético de fecundidad en España, entre 1900 y 2007. Este índice refleja el número medio de hijos que tendría cada mujer a lo largo de los 35 años de su vida fértil, de mantenerse estable durante ese tiempo el calendario de la fecundidad. En general, se aprecia un fuerte descenso entre las elevadas cifras de principios del siglo XX (4,71 hijos por mujer) y las bajas cifras actuales (1,38 en 2007), por debajo del umbral de 2,1, el mínimo que garantiza el reemplazo generacional.
a) A principios del siglo XX, la elevada fecundidad, propia del régimen demográfico antiguo, se debía a dos motivos principales:
– El predominio de una economía y una sociedad rurales, en las que los hijos empezaban a trabajar pronto ayudando en las labores del campo; eran muy baratos de mantener; y aseguraban el porvenir de los padres, dado que no había seguros de accidentes, enfermedad, o jubilación.
– La inexistencia de sistemas eficaces de controlar los nacimientos. La única posibilidad era retrasar la edad del matrimonio en las coyunturas económicas de crisis, con el consiguiente acortamiento del período fértil de la mujer y el descenso del número de hijos.
b) Entre 1900 y 1975 el número de hijos por mujer descendió de forma suave y discontinuaAsí, durante la Guerra Civil, tuvo lugar un descenso más agudo debido a la subnatalidad ocasionada por el conflicto. Estas bajas cifras se mantuvieron durante los primeros años de la posguerra, a causa de las dificultades económicas. Sin embargo, la salida de la política autárquica al final de la posguerra y el desarrollismo económico, provocaron una recuperación de la fecundidad entre 1955 y 1965, conocida como el baby boom posbélico retrasado. No obstante, en los últimos años del desarrollismo, el descenso de la fecundidad se reanudó, ante la consolidación de un nuevo modo de vida urbano e industrial, con graves problemas de vivienda, que redujo el valor económico de los hijos.
c) Desde 1975 hasta 1998, el índice sintético de fecundidad experimentó un brusco descensocolocándose desde 1981 por debajo del nivel de reemplazo. Las causas de este hundimiento de la fecundidad han sido los cambios económicos y socio-culturales sucedidos en estos años.
- La situación económica ha retrasado la edad del matrimonio, con el consiguiente acortamiento del período fértil de la mujer. Primero, como resultado de la crisis de 1975, y desde 1980 por la precariedad laboral y el alto precio de compra y alquiler de vivienda, que dificulta la emancipación de los jóvenes, y prolonga su formación y permanencia con los padres.
- La sociedad española ha experimentado cambios de mentalidad y de valores desde la transición a la democracia (1975) que han colaborado al descenso de la fecundidad. Ha disminuido la influencia religiosa; se han despenalizado y difundido los anticonceptivos; y se ha legalizado el aborto en ciertos supuestos. Las mujeres se han incorporado de forma creciente al trabajo fuera del hogar y retrasan la maternidad hasta consolidar su situación laboral, de modo que la mayoría de los nacimientos se producen en el grupo de los 30-34 años; y muchas tienen dificultades para conciliar la vida familiar y laboral, ante la escasez de guarderías a precios asequibles y el mantenimiento de comportamientos sexistas en el reparto de tareas domésticas y en el cuidado de los hijos. Estos ya no se consideran como seguro de vejez de los padres, ante el progreso de la protección social, sino que se aprecia su formación y bienestar, por lo que se prefiere tener menos y atenderlos mejor. Además, los gastos que ocasionan y la dedicación que requieren compiten con el deseo de los padres de disponer de más ingresos para el consumo y de más tiempo libre para el ocio. Por otra parte, han ganado importancia las relaciones de pareja sobre las reproductoras y de cuidado de los hijos; y han surgido formas familiares distintas del matrimonio y menos prolíficas (cohabitación, hogares monoparentales de divorciados, maternidad en solitario).
e) Desde 1998 el índice sintético de fecundidad pasa por una ligera recuperación debida a la inmigración. La fecundidad de las mujeres extranjeras es más elevada que la de las españolas, aunque tiende a acercarse cada vez más, como lo demuestra el hecho de que el número de hijos por mujer de las extranjeras ha pasado de 2,3 en 1996 a 1,80 en 2006. Las familias numerosas son generalmente incompatibles con el objetivo de la migración mejorar
la situación económica–, con las dificultades para conseguir trabajo, y con el tipo de condiciones laborales habituales.
d) El futuro del índice de fecundidad dependerá de la adopción por las extranjeras de las pautas de fecundidad nacionales y de la evolución de la fecundidad de las mujeres españolas. 
Esta se verá condicionada por una doble situación. Por una parte, los jóvenes accederán más fácilmente al mercado laboral –dada su reducción numérica–, lo que podría adelantar su emancipación y la edad del matrimonio. Por otra parte, esta situación solo influirá favorablemente en la fecundidad si se une a la existencia de políticas efectivas de conciliación de la vida laboral y familiar. Es decir, además de ayudas directas a la natalidad, medidas estables y eficaces de apoyo a las familias (facilidades para acceder a la vivienda, empleo estable para los jóvenes y guarderías a precios asequibles), y una verdadera igualdad en el desempeño de las tareas domésticas y familiares. Sobre estas bases, el INE prevé un incremento de la fecundidad hasta 2030, para estabilizarse desde entonces en torno a los 1,53 hijos por mujer.
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