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martes, 22 de febrero de 2011

MAPA. SUPERFICIE REGADA EN 1997.

El mapa representa la superficie regada en España. El regadío es una práctica agraria que aporta a los cultivos agua adicional a la procedente de las precipitaciones, con el fin de no depender de la aleatoriedad, escasez, o ausencia de estas y de mejorar el rendimiento de los cultivos. El agua utilizada para regar procede de la superficie terrestre, de los acuíferos, de la transferencia de otras cuencas, de la desalación de agua marina, o, más raramente, de la reutilización de aguas depuradas.
El mapa muestra que en España existe una cierta generalización del regadío. Su localización comprende el área con 500 mm o menos de precipitación anual: las cuencas de los grandes ríos meseteños, de las depresiones exteriores y de la costa mediterránea, Baleares y Canarias. La excepción la constituye el área húmeda del norte peninsular, desde Galicia hasta el País Vasco, caracterizada por precipitaciones regulares y abundantes, donde el regadío se limita a algunos valles intramontañosos y enclaves algo secos.
Estos regadíos tienen diverso origen. En unos casos se trata de regadíos tradicionales localizados en las orillas de los ríos o en las inmediaciones de los pueblos aprovechando el agua de pequeñas corrientes; en otros casos responden a obras estatales de gran envergadura (embalses, trasvases), que han puesto en regadío grandes extensiones; y también existen regadíos de iniciativa privada que usan el agua de los acuíferos o la toman directamente de caudales de agua.


La irregular distribución de los regadíos se explica por la diversa incidencia de factores físicos y humanos.
El ámbito mediterráneo es el área donde el regadío alcanza su mayor extensión, especialmente en el litoral del sureste y levante peninsular, en la costa suratlántica, en Baleares, y en el clima subtropical de Canarias. Las razones son físicas y humanas.
- Entre los factores físicos, el más destacado son las temperaturas suaves a lo largo del año, con ausencia de heladas, y una elevada insolación (próxima o superior a 3.000 horas al año), que convierte a estas zonas en áreas privilegiadas para la agricultura intensiva, cuando se palia la escasez e irregularidad de sus precipitaciones con aportes artificiales de agua. Otros factores favorables son la protección del relieve contra los vientos fríos dominantes o las advecciones de aire frío en invierno, y la existencia de  suelos apropiados, como las terrazas fluviales, los glacis de acumulación y los conos de deyección, aunque en la actualidad los invernaderos utilizan suelos artificiales que restan importancia a las características naturales de estos.
- Entre los factores humanos cabe señalar la existencia de un mercado internacional de elevado poder adquisitivo; el desarrollo del transporte refrigerado para los productos; la existencia de un eje de comunicaciones rápido que une estas regiones con los mercados europeos (autopista A-7 y ferrocarril paralelo a ella); y la voluntad emprendedora y alta cualificación de los agricultores, que han sabido adaptarse a los cambios de gustos de la demanda y a las exigencias de calidad de la Unión Europea. Así, han seleccionado los cultivos, han manipulado su ciclo biológico con el fin de lograr una fructificación duradera, han adoptado innovaciones técnicas y han constituido cooperativas y empresas hortofrutícolas.
En esta zona los regadíos se asientan en las vegas de los ríos, en los fondos de las ramblas, en glacis litorales y en las vertientes aterrazadas de las montañas. Son principalmente regadíos intensivos que dan cosechas extraestacionales o durante todo el año, con importante difusión de los invernaderos, y uso de técnicas de riego por goteo, que aporta a cada planta el volumen necesario de agua en cada momento, junto con los nutrientes necesarios. Su dedicación es hortofrutícola: frutos tropicales (chirimoyo, aguacate, mango, plátano), fruticultura mediterránea (frutales de hueso, de pepita y cítricos), horticultura temprana al aire libre, y horticultura precoz bajo plástico.
En los valles del interior peninsular (Ebro, Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir) el factor esencial que explica la existencia de riego es la disponibilidad de agua proporcionada por las grandes corrientes fluviales y sus afluentes. En esta zona, los regadíos tradicionales eran huertas familiares al aire libre, de pequeño tamaño, asentadas en las orillas de los ríos. En la actualidad existen regadíos intensivos en las terrazas bajas, que usan sistemas de riego tradicionales (deriva del agua del río) y se dedican a la hortofruticultura.
Sin embargo, la mayor extensión superficial corresponde al regadío extensivo, que proporciona una sola cosecha al año; es estacional (coincidente en el tiempo con la de las otras áreas del mismo clima); y utiliza sistemas de riego tradicionales (distribución del agua por gravedad a través de canales y acequias). Los cultivos dominantes no son los hortícolas, sino los mismos que los de los secanos vecinos, a los que se añaden plantas industriales (lúpulo, tabaco, remolacha azucarera) y algunos cereales muy exigentes en agua, como el maíz. Las razones son las limitaciones térmicas (larga duración del periodo de heladas en el clima mediterráneo continentalizado del interior peninsular); el incremento de la demanda de cereales-pienso y de determinados cultivos industriales; y el hecho de que estos productos permiten una mecanización total. Los regadíos extensivos han realizado un fuerte esfuerzo de modernización para convertirse en explotaciones capitalizadas y productivistas, pero se enfrentan al problema de la mayor competitividad de sus productos en otros países de la Unión Europea, donde se obtienen sin necesidad de riego; al carácter excedentario de muchas de sus producciones; y a las exigencias de la Política Agraria Común para poder percibir subvenciones. 
Las consecuencias de los regadíos pueden apreciarse valorando su incidencia en el paisaje; sus repercusiones económicas, sociales, demográficas y culturales; y los problemas que generan.
– Los cambios paisajísticos relacionados con los regadíos vienen dados por la modificación de los cultivos y por la reorganización de las parcelas, que tienden a aumentar de tamaño, especialmente en el caso de las explotaciones más tecnificadas y capitalizadas.
– Económicamente, los regadíos, especialmente los intensivos, han incrementado las rentas de la población y el PIB del país, por el importante papel que desempeñan en las exportaciones. También han atraído capitales nacionales y extranjeros, ante la posibilidad de lograr altos rendimientos.
– Socialmente, estas áreas han alcanzado un bienestar bastante generalizado, pues el regadío ha contribuido a una mejora sustancial del transporte y de las comunicaciones y la elevación de la renta ha incrementado la demanda y dotación de servicios sanitarios, educativos, etc.
– Demográficamente, los regadíos intensivos han contribuido a fijar a la población, favoreciendo poblaciones estables o en crecimiento, ante las buenas perspectivas de futuro. El crecimiento natural se ha vuelto positivo y se ha roto la tendencia emigratoria de muchas comarcas, que incluso atraen actualmente inmigrantes de áreas próximas y del extranjero para realizar los trabajos más duros y colaborar estacionalmente en tareas como la siembra y la recolección. En los regadíos extensivos, aunque la mecanización requiere poca mano de obra, también se ha estabilizado la población, gracias a la creación de empleo derivada de la transformación industrial de la producción y de los servicios relacionados con ella (comercialización, mantenimiento de los equipos de riego, etc.).
– Culturalmente, el regadío ha contribuido a una mejor preparación técnica y empresarial, patente en la existencia de un mayor número de personas con títulos profesionales y universitarios, cuyos servicios son demandados por las nuevas formas de producción en los regadíos intensivos.
Los problemas relacionados con los regadíos son los siguientes:
- Los conflictos de usos con la demanda urbana e industrial de agua y de suelo. Los regadíos consumen un elevado volumen de agua en zonas que no disponen de ella de forma natural, lo que ha conducido a colisiones con otras actividades demandadoras, como el turismo y la industria. Por otra parte, se produce competencia por el suelo: el crecimiento de las ciudades ubicadas en el centro de la huerta (como Castellón, Valencia, Elche, Murcia, etc.) se realiza a costa de esta, lo que a su vez impulsa la extensión de la huerta por el área de los secanos próximos.
- Los conflictos sociales con la población inmigrante, en ocasiones ilegal y mal pagada,
puede favorecer actitudes xenófobas.
- La sobreexplotación de los recursos hídricos, superficiales y subterráneos, que genera problemas de agotamiento y salinización de los acuíferos.
- La alteración del paisaje por las estructuras de plástico de los invernaderos crea una imagen poco estética y disonante con el medio natural.

PARTICIPACIÓN DE LAS ACTIVIDADES AGRARIAS EN EL PIB


La población ocupada en las actividades agrarias representaba en 1950 casi la mitad de la población ocupada. En este momento, la economía española era principalmente agraria, dado el escaso desarrollo de los otros dos sectores económicos; y la mecanización del campo estaba muy poco extendida, por lo que se requería el empleo de mucha mano de obra para la realización de las tareas. A partir de este momento, se redujo el porcentaje de población activa agraria, especialmente entre 1960 y 1975 debido al éxodo rural. Las causas que lo motivaron fueron el incremento demográfico; la crisis de la agricultura tradicional por la mecanización del campo; el auge industrial; el crecimiento del turismo y la importante emigración a Europa. Desde 1975 el descenso de la población activa agraria continúa, pero se desacelera. En primer lugar por el efecto de la crisis económica de 1975, que frenó el éxodo rural ante la crisis de la industria urbana y, desde 1990, por la jubilación de muchos agricultores mayores; los planes de prejubilación y de abandono de la actividad; y el abandono de muchas explotaciones agrarias poco rentables trabajadas a tiempo parcial. La cierta estabilización de esta tendencia en los últimos años puede estar motivada por las subvenciones concedidas por la política europea y española de desarrollo rural para evitar el despoblamiento rural, con las que se trata de fomentar la revalorización y la diversificación de las actividades agrarias y la instalación de jóvenes agricultores

EVOLUCIÓN DEL PARQUE DE MAQUINARIA Y USO DE FERTILIZANTES.

Los gráficos de barras muestran la evolución del parque de maquinaria agrícola en España (tractores y motocultores) en miles y el consumo de fertilizantes (nitrogenados, fosfatados y potásicos) en kg/ha entre 1955 y 2007. En ambos casos se trata de indicadores del empleo de técnicas modernas en la actividad agrícola.
En general se aprecia que, entre las dos fechas señaladas, se ha producido un notable incremento en el parque de maquinaria agrícola y en el uso de fertilizantes, que partían de unas cifras muy bajas al principio del periodo, debido al retraso con que se inició en España la modernización técnica de la agricultura en comparación con otros países del entorno.

Las causas del incremento de la modernización desde mediados del siglo XX han sido de diverso tipo: el desarrollo de las industrias de maquinaria y de la industria química en España a partir de la década de 1960; el deseo de intensificar la productividad agraria mediante el empleo de maquinaria y el deseo de aumentar los rendimientos recurriendo a la extensión del regadío y a la disminución del barbecho, que incrementan en ambos casos el consumo de fertilizantes. Por otra parte, la entrada en la Comunidad Europea en 1986 obligó a la agricultura española a realizar un notable esfuerzo de modernización para poder competir con los agricultores europeos en el mercado comunitario, impulsando el crecimiento del empleo de maquinaria y de fertilizantes. Para conseguir este objetivo, los agricultores españoles recibieron importantes fondos comunitarios.
Las consecuencias positivas de la incorporación de estas técnicas modernas han sido un aumento de la producción y de los rendimientos agrarios, que ha mejorado la competitividad exterior de los productos españoles.
Las consecuencias negativas han sido, en el caso de la maquinaria, el hecho de que en algunos casos se ha situado por encima de las necesidades, dado el tamaño de las explotaciones, y se encuentra infrautilizada, dado que está muy poco extendido su uso colectivo a través de cooperativas o de empresas de servicios. Por eso, en la actualidad se fomenta el cooperativismo agrario y su uso comunitario. Por otra parte, el empleo de máquinas pesadas en suelos frágiles acelera el proceso de erosión y de desertificación y las emisiones de sus motores colaboran a incrementar el efecto invernadero. Para paliar este problema se fomenta la sustitución de la maquinaria anticuada por modelos más eficaces y ecológicos.


En el caso de los fertilizantes, cuando se abusa en su utilización, se produce una pérdida de calidad de los productos agrícolas y se ocasionan daños al medio ambiente, pues el suelo y las aguas, tanto superficiales como subterráneas, se contaminan con los componentes químicos de los fertilizantes, dando lugar en ocasiones a graves alteraciones, como la eutrofización del agua. Frente a este problema, se fomenta en la actualidad la agricultura ecológica, que no utiliza productos químicos de síntesis y evita el agotamiento del suelo recurriendo al abono orgánico y a la rotación de cultivos. La mayor concienciación sobre el abuso en el empleo de fertilizantes ha provocado una cierta reducción del consumo en los últimos años.

PRÁCTICA. COMENTA LOS SIGUIENTES DOCUMENTOS SOBRE LA CONCENTRACIÓN PARCELARIA.


En la imagen vemos un parcelario de Zarzoso antes y después de la aplicación de la política de concentración parcelaria, el cambio en el número y extensión de las parcelas es evidente. Los objetivos de la concentración son: disminuir el minifundio y la dispersión parcelaria concediendo a cada propietario una sola parcela o unas pocas, equivalentes en clase de tierra y tipos de cultivos de las que tenía antes, y dar acceso a las parcelas a las vías de comunicación. Para ello, en cada término se fija una unidad mínima por debajo de la cual no puede crearse ninguna nueva parcela y no se permite dividir las parcelas resultantes por debajo de la unidad mínima establecida. La concentración parcelaria, iniciada en 1952 y se transfirió a las comunidades autónomas en 1985 y continúa en la actualidad.



El mapa de coropletas representa la superficie concentrada por provincias hasta 1985, fecha en la que la concentración parcelaria se transfirió a las comunidades autónomas. Se aprecia que la concentración parcelaria ha tenido mayor incidencia en la actual comunidad de Castilla y León, donde la situación de partida era menos problemática y en algunas provincias de Castilla-La Mancha. En cambio en muchas áreas minifundistas donde el problema es acusado, la concentración parcelaria presenta todavía porcentajes muy bajos, como es el caso del norte peninsular y de la Comunidad Valenciana. Este hecho se explica en parte porque la concentración se concibió de forma subsidiaria, es decir, que solo se lleva a cabo si es solicitada por iniciativa de los propietarios de la tierra de cada municipio. Como consecuencia de la concentración han surgido parcelas menos numerosas, más grandes y más regulares; ha disminuido el número de lindes, y se ha creado nueva red de caminos.


GRÁFICA. EVOLUCIÓN DEL TAMAÑO DE LAS EXPLOTACIONES AGRARIAS.

El gráfico de barras presenta el número de explotaciones según superficie agraria utilizada (SAU) en España en 1962, 1982, 2003 y 2005.
La explotación agraria es el conjunto de parcelas trabajadas por un mismo productor agrario, independientemente de si están separadas o no entre sí y de si son de su propiedad o no. La Superficie Agrícola Utilizada –SAU– es la superficie de tierras labradas y para pastos. No incluye otras tierras, como eriales, espartizales, matorrales y superficie forestal.
En el gráfico, las explotaciones aparecen agrupadas por tamaños: pequeña explotación, menos de 10 ha; mediana, entre 10 y 100 y grandes, más de 100. 
En general, se aprecia que el mayor número de explotaciones son de pequeño tamaño, un problema que puede verse agravado por la dispersión de las parcelas que componen cada explotación. La evolución de estas explotaciones entre 1962 y 2005 muestra una tendencia a la reducción de su número. 
Las causas de este hecho han sido la emigración de la población rural, que ha propiciado la venta o el arrendamiento de las tierras de los emigrantes por parte de los que se quedaron en el campo; y la creciente necesidad de competitividad agraria, que conlleva el aumento de tamaño de las explotaciones y la disminución de su número. De todas formas, el número de pequeñas explotaciones es aún muy elevado, dado que constituye el 67,83% de las existentes. 
Las consecuencias de este hecho son distintas según se trate de minifundios tradicionales o de explotaciones modernas. En el caso de los minifundios tradicionales, trabajados en muchos casos a tiempo parcial por afición o como complemento de rentas, la pequeña dimensión dificulta la mecanización, al no resultar rentable y ocasiona una menor productividad y rendimiento, de modo que los productos resultan poco competitivos en el mercado y proporcionan escasas rentas, que a su vez dificultan la modernización. Para paliar este problema se realizan políticas de concentración parcelaria y se fomenta el cooperativismo agrario. En el caso de tratarse de explotaciones modernas, como las hortofrutícolas o los cultivos bajo plástico, trabajadas a tiempo completo, la rentabilidad es mucho mayor.
Las explotaciones medianas y grandes son menos numerosas. Las dos han incrementado su número, especialmente las medianas que son las que más se han beneficiado de la reducción del número de las pequeñas explotaciones. No obstante, el mayor tamaño no implica siempre mayor rentabilidad, sino que depende de si son latifundios tradicionales poco capitalizados y extensivos, o modernas explotaciones capitalistas de altos rendimientos. En el primer caso, existe una legislación sobre grandes propiedades incultas total o en gran parte, que obliga al dueño a realizar un plan de mejora que, de no llevarse a cabo, podría conllevar el arrendamiento forzoso de la tierra durante doce años.

POBLACIÓN OCUPADA AGRARIA POR EDADES 1990-2007




Realizaremos el análisis de acuerdo con los grupos de edad:
- La población ocupada en el sector agrario del grupo 16-19 años ha disminuido debido a que se ha prolongado el periodo de formación de los jóvenes a partir de los 16 años, retrasándose así su entrada en el mundo laboral. 
- El grupo de jóvenes agricultores, entre 20 y 39 años se ha incrementado debido a dos hechos: el dinamismo que han alcanzado algunas zonas agrarias, que ha contribuido a mantener a la población joven en el campo y ha atraído incluso a inmigrantes extranjeros jóvenes; y las subvenciones concedidas por la política de desarrollo rural a los jóvenes agricultores para facilitar su permanencia en el campo; aunque esta tendencia se compensa en parte con la continuación de la emigración de la población agraria joven en las zonas rurales más atrasadas. El grupo de agricultores maduros entre 40 y 64 años ha decrecido desde 1990 debido a las jubilaciones anticipadas, aunque todavía más de la mitad de lapoblación agraria se incluye en este grupo. 
Por último, la población agraria ocupada por encima de los 65 años es muy reducida, ya que la mayoría de las personas de este grupo está jubilada.

PRACTICA. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN OCUPADA EN EL SECTOR PRIMARIO 1970-2007.

La tabla es una serie estadística que muestra la evolución de la población rural española en cifras absolutas y relativas y la evolución de la población ocupada en las actividades agrarias en tantos por ciento respecto a la población ocupada, entre los años 1970 y 2007. La población rural es la que reside en municipios de menos de 10.000 habitantes. Dentro de ella se diferencia la población residente en municipios claramente rurales, con menos de 2.000 habitantes, y la población semiurbana, residente en municipios comprendidos entre los 2.000 y los 10.000 habitantes. Por su parte, la población ocupada en las actividades agrarias es la que tiene empleo en la agricultura, la ganadería, o la explotación forestal.
La causa principal de las escasas cifras de partida fue el éxodo rural ocurrido entre 1960 y 1975, motivado por la mecanización del campo y la atracción ejercida por la industria y los servicios urbanos, que provocó una pérdida de peso de la población rural en favor de la población urbana y una disminución de la población ocupada en las actividades agrarias respecto a la población ocupada en los sectores secundario y terciario. Sin embargo, como se aprecia en la tabla, a partir de 1981 el decrecimiento se desacelera como consecuencia de la crisis económica de 1975 que, al causar paro y dificultar el empleo en la industria, provocó un incremento de la agricultura a tiempo parcial.
Las tendencias a partir de 1990 son dobles. La población rural continúa descendiendo en cifras absolutas y relativas en los municipios rurales de menos de 2.000 habitantes, que coinciden en muchos casos con las áreas más desfavorecidas, afectadas por el crecimiento natural negativo y la emigración, ante la falta de rentabilidad agraria. En cambio, la población rural residente en municipios entre 2.000 y 10.000 habitantes, aunque sigue decreciendo en cifras relativas por el superior aumento de la población urbana, aumenta en cifras absolutas. Este hecho se debe a que en este grupo se incluyen la mayor parte de las áreas rurales dinámicas, que en unos casos han desarrollado actividades agrarias competitivas que han logrado retener a la población e incluso atraer inmigrantes extranjeros para realizar ciertas tareas; y en otros casos han implantado nuevas actividades procedentes de las ciudades que buscan precios más baratos o mayor calidad medioambiental, como segundas residencias o residencias principales; industrias; servicios y equipamientos. El crecimiento de estos municipios es el responsable del incremento de la población rural total a partir de 1991.
Por su parte, la población ocupada en las actividades agrarias continúa su descenso, aunque con menos intensidad que en épocas pasadas. Las causas son la jubilación de muchos agricultores mayores; los planes de prejubilación y el abandono de la actividad; y el abandono de muchas explotaciones agrarias poco rentables trabajadas a tiempo parcial. La cierta estabilización de esta tendencia en los últimos años puede estar motivada por las subvenciones concedidas por la política europea y española de desarrollo rural para evitar el despoblamiento rural y favorecer la instalación de jóvenes agricultores.
Las consecuencias del descenso de la población en los municipios rurales de menor tamaño y del abandono de la actividad son el despoblamiento y la posible desaparición de paisajes agrarios de gran valor histórico y cultural, junto a un deterioro del medio ambiente de la zona al faltar los cuidados dispensados tradicionalmente por la población rural. Por este motivo, la actual política de desarrollo rural favorece la permanencia de la población rural mediante la concesión de indemnizaciones compensatorias; la mejora de la competitividad de las explotaciones; la diversificación económica; y las ayudas a la instalación de jóvenes agricultores.

PRÁCTICA. MAPA DEL VALOR DE PRODUCCIÓN INDUSTRIAL POR COMUNIDADES AUTÓNOMAS EN 2007

El mapa muestra la distribución del valor de la producción industrial por comunidades autónomas en 2007 mediante colores cuya intensidad es proporcional al valor de la producción. Las comunidades en las que el valor supera el 8% son Cataluña, Andalucía, la Comunidad Valenciana, el País Vasco y Madrid.
En la explicación de los motivos pesan la antigüedad del proceso de industrialización motivado por la presencia de factores de localización favorables; el desarrollo a partir de entonces de economías de aglomeración que han atraído a un número creciente de industrias; y también otros motivos, como la extensión del territorio y su importancia demográfica.
- Cataluña es una de las regiones españolas de más temprana industrialización, en la que ya surgieron destacados focos industriales en la Primera Revolución Industrial. Posteriormente, el peso de las economías de aglomeración, llevó a la formación de grandes aglomeraciones urbano-industriales, caracterizadas por la diversificación productiva. Por este motivo, la recuperación de la crisis industrial fue más rápida. Barcelona es el área más industrializa dentro de la región, que ha implantado numerosas industrias de alta tecnología, y ha atraído a las sedes sociales de numerosas empresas nacionales y multinacionales, lo que explica el elevado valor de su producción industrial en el conjunto español. 
- Andalucía comenzó también tempranamente su industrialización, aunque posteriormente su industria perdió peso en el conjunto nacional, debido a la decadencia de los primeros focos siderúrgicos y textiles y a que el crecimiento industrial posterior no fue el resultado de una transformación interna de la región, sino de una planificación estatal y de intereses extrarregionales que, buscando los menores costes y la mayor permisividad hacia determinadas industrias, desplazaron a Andalucía las actividades más contaminantes y peligrosas, con menor valor añadido y con menos perspectivas de futuro. A pesar de estas dificultades, durante los años del desarrollismo se implantaron industrias en el triángulo Sevilla-Cádiz- Huelva; y también numerosas industrias tradicionales transformadoras de los productos agrarios y algunas relacionadas con la alta tecnología. Estos hechos, unidos a su extensión geográfica y a su peso demográfico, explican el elevado valor de su producción industrial.
- La Comunidad Valenciana implantó desde fechas tempranas una industria diversificada que resistió mejor el impacto de la crisis industrial. Desde entonces ha promovido los sectores de alta tecnología, aunque siguen teniendo importante peso los sectores tradicionales, como el textil y de la confección, el del cuero y del calzado, y el del juguete. La creación de distritos industriales ha permitido a las pequeñas y medianas empresas gozar de las ventajas de las concentraciones industriales, favoreciendo el desarollo de la producción industrial.
- El País Vasco es un territorio de antigua industrialización que sirvió de base para la creacion posterior de importantes aglomeraciones urbano-industriales. La elevada especialización en sectores maduros supuso un fuerte impacto de la crisis industrial y de los procesos de reconversión. Sin embargo, ha protagonizado una destacada revitalizacion industrial, favorecida por la implantacion de nuevas industrias en el sector de la alta tecnología, y por el desarrollo de la industrializacion endógena, con una fuerte implantación de los distritos industriales.
- Madrid recibio una industrializacion temprana, atraída por sus funciones como capital del Estado y centro financiero, que dieron lugar a importantes procesos de concentración industrial. Tras la crisis económica, ha conseguido un importante desarrollo industrial, con gran presencia de los sectores de alta tecnología y de las sedes sociales de empresas nacionales y multinacionales. Su menor participación en el valor de la producción industrial, en comparación con las comunidades autónomas anteriores, se explica por la importante terciarización de su industria y de su actividad económica en general.

PRÁCTICA. MAPA DE GASTO EN I+D POR REGIONES.


El gráfico lineal muestra el gasto español en I+D en porcentaje del PIB entre 1981 y 2007. La I+D incluye la investigación básica (es decir, trabajos experimentales o teóricos cuyo fin es adquirir nuevos conocimientos, sin estar dirigidos a una aplicación determinada), la investigación aplicada (trabajos originales con el fin de adquirir nuevos conocimientos aplicados a un objetivo práctico) y el desarrollo tecnológico (trabajos basados en los conocimientos existentes con vistas a la fabricación de nuevos materiales y productos o a la aplicación a procesos, sistemas y servicios, o bien a la mejora sustancial de los ya existentes).
En 1981 España partía de un nivel muy bajo en cuanto a gasto en I+D, un 0,6% del PIB. Desde entonces, coincidiendo con la entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986 y hasta 1993 se produjo un incremento encaminado a lograr que el gasto alcanzase al menos el 1% del PIB. Sin embargo, entre 1993 y 1997, se interrumpió el esfuerzo creciente, debido a la crisis económica de principios de la década de 1990, que alcanzó su peor momento en 1993, y a la necesidad de disminuir el gasto público para poder cumplir con los criterios de convergencia establecidos en el Tratado de Maastricht en cuanto a déficit público para poder acceder a la Unión Económica y Monetaria. A partir de 1997 se ha recuperado la tendencia al incremento del gasto en I+D. Con ello se pretende incrementar la competitividad de la industria española y cumplir con los objetivos establecidos por la UE en la llamada Estrategia de Lisboa (2000) que se propone llegar a ser, en 2010, la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, elevando el gaso en I+D al 3% del PIB.
No obstante, el gasto español en I+D contrasta claramente con las cifras más elevadas de otros países del entorno, –como Alemania y Francia– y con las de otros países desarrollados  como Estados Unidos y Japón–. Este hecho tiene importantes repercusiones, pues está en la base del retraso tecnológico español y hace que se mantenga la dependencia externa en investigación y tecnología, obligando a recurrir a la compra de patentes. Todo ello supone altos costes, que redundan en la menor competitividad de los productos industriales españoles; limitan las exportaciones, dado en muchas ocasiones las patentes se conceden solo para el mercado interior; y originan un déficit permanente en la balanza de pagos tecnológica.
La tabla indica que del total de gastos en I+D, el 55,1% corresponde a la industria. Los sectores con más gasto son el químico, transportes y productos farmacéuticos. El mapa muestra la distribución espacial del gasto en I+D de las comunidades autónomas españolas en 2006, mediante colores, tanto más intensos cuanto mayor es la inversión.
La I+D incluye la investigación básica (es decir, trabajos experimentales o teóricos cuyo fin es adquirir nuevos conocimientos, sin estar dirigidos a una aplicación determinada), la investigación aplicada (trabajos originales con el fin de adquirir nuevos conocimientos aplicados a un objetivo práctico) y el desarrollo tecnológico (trabajos basados en los conocimientos existentes con vistas a la fabricación de nuevos materiales y productos o a la aplicación a procesos, sistemas y servicios, o bien a la mejora sustancial de los ya existentes).
El reparto espacial del gasto muestra una gran concentración en las áreas industriales más desarrolladas: Madrid y Cataluña reúnen más del 50% de la inversión. A continuación se sitúan Andalucía, que ha realizado un gran esfuerzo inversor en los últimos años, el País Vasco y la Comunidad Valenciana. En el resto de las comunidades autónomas, el gasto en I+D es mucho más reducido.
Las consecuencias de este hecho son el atraso tecnológico y la consiguiente dependencia de la compra de patentes y tecnología en el exterior. El retraso en I+D de las comunidades menos industrializadas actúa a su vez como freno para el desarrollo industrial, dado que en la actualidad, la innovación resulta esencial para la industria y para aumentar el valor añadido de sus productos.

PRÁCTICA. INDICE DE PRODUCCIÓN INDUSTRIAL Y POBLACIÓN ACTIVA EN LA INDUSTRIA

La tabla representa la evolución del índice de producción industrial y de la ocupación en la industria en España entre 1976 y 2008.
Se observa que en el período correspondiente a la crisis industrial, entre 1976 y 1984, el índice de producción industrial moderó su crecimiento o se mantuvo estancado como consecuencia de los cierres de empresas y del descenso de la producción, motivados por la exigencia de reducir el exceso de capacidad productiva y de adaptar la oferta a la demanda. Durante este período la ocupación industrial decreció también debido a las regulaciones de plantilla, lo que supuso un enorme incremento del paro global y del industrial.
Desde 1985 a 2007 se aprecia la recuperación de la industria española, interrumpida brevemente por la crisis de principios de la década de 1990 (1990-1994), que supuso un nuevo estancamiento del índice de producción industrial y un retroceso de la ocupación. Esta crisis estuvo motivada por la coyuntura internacional recesiva; por las alteraciones monetarias derivadas de las medidas adoptadas por la UE para preparar la Unión Económica y Monetaria; el estancamiento de la demanda interna y externa y el aumento de los costes laborales, que redujo los beneficios y la inversión de las empresas, con la consiguiente pérdida de competitividad.
La recuperación se manifiesta en un nuevo crecimiento del índice de producción industrial, al recuperarse el consumo y la demanda, favorecido por la positiva evolución de la ocupación industrial, aunque su crecimiento no es tan notorio, debido a que la industria actual tiende a sustituir el trabajo no cualificado por máquinas y requiere una menor cuantía de profesionales cualificados y un elevado número de personas empleadas en servicios a la producción, que se contabilizan, por tanto, dentro de los empleados en el sector terciario. En el futuro se acentuará esta tendencia a medida que se incremente la modernización tecnológica de la industria española.
Desde 2007, las repercusiones de la crisis financiera mundial sobre la industria (dificultades para acceder al crédito, fuerte reducción del consumo y descenso de los precios) han hecho decrecer de nuevo el índice de producción industrial y los ocupados en la industria.

PRÁCTICO. LA REINDUSTRIALIZACIÓN. ZONAS DE URGENTE REINDUSTRIALIZACIÓN


El mapa muestra los resultados alcanzados por las ZUR (Zonas de Urgente Reindustrialización). La creación de ZUR fue una de las primeras actuaciones adoptadas frente a la crisis industrial de 1975. Paralelamente a la reconversión de los sectores en crisis, se abordó la reindustrialización o recomposición del tejido industrial de las zonas afectadas por la reconversión.
Se trataba de crear en ellas nuevas actividades de futuro que diversificasen una industria hasta entonces muy especializada y generasen empleo capaz de absorber los excedentes laborales de la reconversión.
Las ZUR nacieron en 1983, con un periodo máximo de vigencia de tres años. Como muestra el mapa, se implantaron en seis áreas (Ferrol-Vigo, Asturias, ría del Nervión, Barcelona, Madrid y la bahía de Cádiz). Podían solicitar su inclusión en una ZUR las empresas que realizasen la instalación, ampliación o traslado de fábricas a estas áreas, siempre que generasen nuevos puestos de trabajo y fuesen viables. A cambio recibirían incentivos fiscales y financieros, así como subvenciones por incorporar trabajadores de los fondos de promoción de empleo (parados procedentes de la reconversión).
El mapa muestra los resultados de las ZUR en empleos e inversión. Aunque se crearon más de 20.000 puestos de trabajo y más de 800 proyectos, las cifras fueron inferiores a las previstas.
Por otra parte, su distribución territorial muestra que las áreas más beneficiadas en ambos aspectos fueron Barcelona y Madrid, las de mayor dinamismo, mientras que el resto de las zonas ejercieron una atracción mucho menor, de modo que se acentuaron los desequilibrios regionales.
Los escasos resultados obtenidos y la entrada española en la Comunidad Europea en 1986 darán lugar a la sustitución de las ZUR por las ZID (Zonas Industrializadas en Declive) dentro del marco de la nueva Ley de Incentivos Regionales, y al fomento de la industrialización endógena, basada en las potencialidades y ventajas de cada ámbito geográfico.
Como resultado de la reindustrialización, creció la inversión y la diversificación industrial de zonas antes muy especializadas. Pero también mostró insuficiencias: generó menos empleo del previsto; las ayudas beneficiaron principalmente a las grandes empresas; y se acentuaron los desequilibrios regionales (Madrid y Barcelona se llevaron la mayoría de los proyectos, ante el escaso atractivo de las restantes zonas).

PRÁCTICA. POLÍTICA INDUSTRIAL DE LA TECNOCRACIA FRANQUISTA.


El mapa de figuras muestra los principales incentivos a la industrialización llevados a cabo por la política industrial de la época franquista.
Los objetivos de esta política eran corregir los desequilibrios territoriales en la distribución de la industria. Las actuaciones llevadas a cabo con este fin, recogidas en los Planes de Desarrollo (1964-1975), se orientaron a la promoción industrial en las zonas atrasadas y a la descongestión de las grandes aglomeraciones urbano-industriales.
a) Para la promoción industrial se emprendieron diversas acciones:
– Los polos de promoción y desarrollo, tomados de la planificación francesa fueron la actuación más destacada. Dado el predominio de las grandes concentraciones industriales en esta época, se partió de la base de que era inevitable la polarización territorial del crecimiento. Por tanto, se trataba de seleccionar ciertas áreas urbanas en regiones atrasadas y crear en ellas las condiciones para que se desencadenase un proceso de concentración industrial similar al que de una manera espontánea se había dado en las regiones más desarrolladas; posteriormente estas industrias atraerían a otras y actuarían como motores del desarrollo del entorno. Las industrias que se instalasen en ellos debían ajustarse al tipo de actividad que se quería atraer y recibirían diversos incentivos (subvención a la inversión inicial, créditos oficiales, desgravaciones fiscales, suelo industrial relativamente barato, buenas infraestructuras y ayudas para la formación profesional).
Los polos de desarrollo industrial se ubicaron en ciudades que ya contaban con cierta base industrial (A Coruña, Vigo, Sevilla, Valladolid, Zaragoza, Granada, Córdoba, Oviedo, Logroño y Villagarcía de Arosa); y los polos de promoción en áreas más deprimidas, que exigían mayores inversiones (Burgos y Huelva). La diferencia entre ambos tipos de polos residía en el tope máximo de subvenciones (10% en los de desarrollo y 20% en los de promoción).
Sobre sus resultados puede decirse que las inversiones y los puestos de trabajo creados fueron inferiores a las previsiones y que su efecto dinamizador sobre las industrias del entorno fue también escaso. En algunos casos se alcanzó un éxito relativo (Valladolid, Vigo, Sevilla, A Coruña), pero apenas se obtuvieron logros en las áreas más deprimidas que no contaban con un clima industrial previo. Por tanto esta política fue incapaz de frenar las tendencias espontáneas de la industria a concentrarse en las zonas tradicionales, e incluso acrecentó las desigualdades intrarregionales en las áreas más desfavorecidas, al concentrar demasiado la actividad industrial en determinadas zonas.
– Otras actuaciones encaminadas a la promoción industrial concedieron un trato preferente e incentivos a las industrias que se instalasen en ciertas áreas o polígonos industriales: zonas de preferente localización industrial (áreas que sin la consideración de polos se estimaban apropiadas para la expansión industrial, como Cáceres, el Valle del Cinca, Mieres-Langreo, Campo de Gibraltar, Tierra de Campos y las islas Canarias); polígonos de preferente localización industrial (repartidos por toda la geografía española) y Grandes Áreas de Expansión Industrial –GAEI–, creadas en el tercer Plan de Desarrollo (1972-1975) abarcando todo el territorio de las regiones atrasadas (Galicia, Andalucía, Extremadura y ambas Castillas.
b) Para descongestionar las grandes aglomeraciones urbano-industriales se crearon polígonos de descongestión industrial, relativamente próximos a ellas, incentivándose el traslado de parte de la industria procedente de las áreas más saturadas.



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